LAS INCURSIONES DEL SATANISMO AL OTRO LADO II


LAS INCURSIONES DEL SATANISMO AL OTRO LADO < II >
¿Por qué el Satanista que no cree en Satán, realiza rituales en su nombre?
José Cadaveria

Con este ensayo, quisiera aprovechar la oportunidad para explicarles a aquellos que piensan que el satanismo laveyano o no teista: “Es una contradicción, por no creer en Satán, ni entidades extracorpóreas y sin embargo practicar rituales”. Verán si piensan esto, es que son claramente creyentes y por tanto no hondaron en nuestra corriente ni comprenderán las sutilezas de la magia satánica atea.  El Satánico espiritual, o creyente al lanzar un conjuro, durante un ritual invoca a Satán para que se haga cargo de sus ruegos. El satanista ateo y racional una vez que comienza el ritual deja su raciocinio al lado (por eso a la sala o lugar de rituales, también se le llama: Cámara de Descompresión intelectual) digamos que durante el ritual el satanista pasa a otro estado de conciencia, durante el cual confía en la magia y cree en la fantasía de los demonios. Él sabe que todo ello, no es más que un producto de su imaginación, pero en el proceso ritualistico, creen en Satán como un ente extracorpóreo y poderoso. 

Sin embargo, una vez lanzado el conjuro y finalizado el ritual vuelve a su estado de conciencia racional y digamos que se desprende del acto del ritual. Esto de desprenderse del acto ritual, es como un mecanismo de defensa, que evita el estar quemando tontamente su energía, a través de la ansiedad provocada, por la expectativa de un resultado final favorable. Realmente, lo que hace el satanista durante el ritual es lanzar parte de su energía vital y la del grupo o dicho de un modo esotérico; crear un agregor o sirviente mediante la energía enfocada en el ritual para un fin concreto. Sin embargo, si el satanista junto a su congregación realizara esto de un modo totalmente racional se generarían una serie de dificultades durante el ritual, como dudas y distracciones, por ello se recurre a pasar de un estado de consciencia racional y atea, a un estado creyente e irracional. 

Esto se logra mediante la autosugestión autoprovocada, con ayuda de toda la parafernalia necesaria para el ritual junto con invocaciones a Satanás y una serie de acciones propicias para tal fin.

A fin de cuentas, el satanista durante el ritual poco se diferencia del satánico: Ambos invocan a Satán, ambos realizan el ritual en el nombre del Adversario, ambos le piden su asistencia y ayuda, durante el rito ambos creen realmente en el Señor de las Tinieblas. La diferencia es que el satanista cuando acaba baja a la tierra y continua con su vida, mientras que el satánico sigue perdido en los laberintos del infierno. Otro punto es que el satánico cree en Satán como si de una inteligencia exterior se tratara, muy parecido a como lo siente y percibe el creyente a su Dios, a veces hasta con pleitesía. El Satanista piensa que Satán es parte de su ser mismo, él mismo es Satán, el adversario de las religiones y la estupidez humana.  Pero lo más importante de todo esto, es que ambas formas de realzar el ritual; la del satánico y la del satanista son eficaces, es muy probable que incluso, si intercambiasen sus fórmulas ritualisticas, los resultados serían igualmente satisfactorios.

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