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LA MACABRA HISTORIA DEL ORIGEN DE LA BELLA Y LA BESTIA


LA MACABRA HISTORIA DEL ORIGEN DE LA 
"BELLA Y LA BESTIA"

Los mitos, esas narraciones que explican el mundo de manera mágica y literaturizada, no son cuentos inocentes que les leemos a los niños antes de irse a la cama (aunque lo hagamos).

Por el contrario, en las sociedades tradicionales los mitos eran la manera de establecer en el inconsciente colectivo algunas regulaciones sociales y morales básicas —el incesto, por ejemplo, está prohibido en prácticamente todas las culturas a través de diferentes relatos indirectos que, sin embargo, presentan siempre rasgos comunes.

Y aunque ya no creemos en la existencia de señores con patas de caballo o pueblos donde todo el mundo tiene cabeza de perro (y ni siquiera está demasiado claro que los griegos lo hicieran) estos mitos siguen traspasándose de generación a generación por medio de cuentos populares, leyendas urbanas, exempla medievales, películas y cómics.


Sus argumentos se van adaptando a las necesidades de cada generación que los acoge para prohibir, explicar o construir diferentes ideas.

Y entre esos cuentos que nos han llegado desde la noche de los tiempos y que han sido modificados una y mil veces (pero siguen siendo el  mismo), tiene un puesto de honor el de "La Bella y la Bestia", que estos días está de moda por la nueva versión que Disney estrenará el 17 de marzo en España.

Todos conocemos la historia por la famosa película musical que ya hizo Disney en 1991: una chica se enamora de una bestia, pero el amor acaba por convertir a la Bestia en príncipe. ¿El lema? La belleza está en el interior.

Y así el trasfondo de la película casi podría parecer una defensa de los "hombres reales". ¡Porque debajo de todo ese pelo también hay un corazoncico!

Pero si examinamos detenidamente la genealogía del relato y el contexto en el que se crearon sus diferentes versiones, podremos obtener una visión muy distinta del oscuro simbolismo que oculta la historia de "La Bella y la Bestia".

Muchos expertos señalan como origen de este cuento un texto del siglo II incluido por el escritor romano Apuleyo en El asno de oro y llamado "Cupido y psique".

En él ya están presentes algunos de los elementos básicos del mito: la protagonista (Psique) es la menor y más hermosa de tres hermanas. La diosa Venus, celosa de su belleza, ordena a Cupido que haga que Psique se enamore del hombre más horrible que exista.

Este enamoramiento de joven y animal temible no es, de cualquier manera, algo exclusivo del cuento de Apuleyo, sino que es común a muchas otras historias. Durante la Edad Media irá tomando diferentes formas en los libros de relatos que llegan a Europa desde Oriente y en las recopilaciones de ejemplos —repletas de cuentecillos, chistes y fábulas— que los predicadores medievales usaban para explicar la fe a sus fieles analfabetos.

En su cuento "El rey cerdo" cuenta la vida de un príncipe que, por un designio mágico, nace con la forma de un cerdo. Pero después de casarse con dos hermanas que tratan de asesinarlo por puro asco (y que él en consecuencia se ve obligado a matar) la hermana pequeña de la familia devuelve sus caricias, el hechizo se levanta y el príncipe puede quitarse la piel de cerdo revelando a un sexy maromo que posteriormente se convertirá en rey.

Este cuento lo recopiló Perrault en sus Cuentos de mamá ganso de 1697, y de ahí pasó a diferentes escritoras que reutilizaron la historia durante el siglo XVIII: Madame d'Aulnoy, Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve y Jeanne-Marie Leprince de Beaumont. Serán estas dos últimas las que acuñen la formulación más actual del cuento, con el padre mercader, las hermanas malvadas, el castillo y demás, y la versión de Beaumont será el origen de la mayoría de películas sobre el tema.

En cualquier caso, parece que el núcleo del relato permanece estable desde la versión de Straparola: no pasa nada si te casas con un hombre horrible (simbolizado por la bestialidad, es decir, la no humanidad) porque el amor puede cambiarlo.

"La Bella y la Bestia", en realidad, participa de un tema muy común en la literatura medieval: quiere enseñar a las jovencitas, en un ambiente dominado por los matrimonios de conveniencia, a comportarse con su maridos.

Dado que era muy frecuente que los padres casaran a las adolescentes con viejos o desconocidos por motivos económicos y que estas fueran, en cierta medida, la moneda de cambio de la época, había que dar a las jóvenes el mensaje de que no pasaba nada, que estaba todo bien.

Que el monstruo se convertiría en príncipe si accedían a tener sexo con él.

En realidad, el subtexto de "La Bella y la Bestia" venía a apuntalar las convenciones sociales, sexuales y culturales de la época medieval, y hoy es posible preguntarse cómo una idea tan anticuada y sexista puede seguir sustentando un relato. ¿Para qué hace Disney otro remake de una historia con un mensaje tan rancio?

La respuesta fácil sería decir que su contenido ha cambiado. Que a través de los años la superficie del cuento se ha mantenido pero el significado ha variado totalmente, y que ahora "La Bella y la Bestia" es una defensa de que "la belleza está en el interior".

Pero todos sospechamos que hay otra respuesta: el sustrato mítico sigue siendo necesario para el sistema, y por eso Disney —a la que le caen acusaciones de conservadora, racista y sexista día sí y día también— sigue interesada en la historia.

Tan solo hace 200 años Moratín publicaba El sí de las niñas, donde criticaba precisamente la práctica del matrimonio de conveniencia en la España de principios del siglo XIX. Pero sabemos que aún hoy es algo común en muchos lugares del mundo.

Y sabemos que, si bien no de forma tan evidente, algo muy similar sigue pasando en nuestra sociedad: "¿tu sugar daddy no sabe poner la colada ni hacerse la cena?"

"No te preocupes, que ya aprenderá cuando os caséis".

El amor todo lo puede.

LA HISTORIA ORIGINAL DE PINOCHO ES MUY MACABRA


LA HISTORIA ORIGINAL DE PINOCHO ES MUY MACABRA
Ahorcado, quemado y desollado

El verdadero Pinocho, el personaje original, no es ese tierno muñequito de pajarita azul y sombrero con pluma. No es una marioneta mofletuda y simpática, siempre rodeada de amigos, que se pasea por fantásticos paisajes acompañado junto al magnífico Pepito Grillo.


Es cierto que en nuestro imaginario, perfilado por la película de Disney, Pinocho también es un niño de madera rebelde y algo travieso. Pero como la de todos los niños, su maldad es entrañable, dulce.

Sin embargo, en la historia original, Pinocho es un niño muy diferente: es un vagabundo pobre y hambriento; un ser avaricioso y sin escrúpulos que, cuando un grillo parlante trata de explicarle que quizá no se está comportando correctamente, lo estrella contra la pared a golpe de martillo.
"Al oír estas últimas palabras, Pinocho se levantó enfurecido, agarró del banco un martillo y lo arrojó contra el Grillo-parlante. [...] Lo alcanzó en toda la cabeza, hasta el punto que el pobre Grillo casi no tuvo tiempo para hacer cri-cri-cri, y después se quedó en el sitio, tieso y aplastado contra la pared".
Las primeras versiones de Pinocho son obra del italiano Carlo Collodi. Las escribió de forma semanal entre 1881 y 1882 para el primer periódico italiano para niños, Il Giornale per Bambini, donde aparecían con las ilustraciones de Ugo Fleres. Más tarde, estas historias se publicarán de forma conjunta bajo el titulo de Las aventuras de pinocho, esta vez con la ayuda del dibujante Enrico Mazzanti.  

Ya desde el inicio, no nos encontramos con una introducción al uso, sino que nos topamos con un mundo de hadas bastante ambiguo. El narrador se dirige a los niños, sí, pero con una autoconsciencia especial que nos obliga a una doble lectura:


"Había una vez...
-¡Un rey! -dirán en seguida mis pequeños lectores.
- No, muchachos, se equivocan. Había una vez un pedazo de madera. No era una madera de lujo, sino un simple pedazo de leña de esos palos que en invierno se meten en las estufas y chimeneas para encender el fuego y caldear las habitaciones".
Las historias de Colli son un retrato de la Italia pobre y hambrienta de finales del s. XIX, y la función moralizante que han de cumplir sus personajes no está tan clara como en otras cuentos clásicos. Se ha señalado que en él hay una defensa de la educación frente a la holgazanería, y es cierto que la presentación de Pinocho como un ser desobediente y engañoso forma parte de este relato.

Sin embargo, la crueldad del retrato va mucho más allá de su supuesta función pedagógica. Pinocho no es solamente un niño mal educado, un pequeño salvaje todavía por civilizar. Quizá sea exagerado decir que se trate de un ser maligno, pero en él no hay inocencia alguna. Está rodeado de violencia y sordidez: incluso cuando él es la víctima, es difícil sentir empatía.

En una de las escenas más duras, un Pinocho hambriento decide ir a mendigar por las calles. Lo hace de noche y en medio de la tormenta. Pero en lugar de comida, los vecinos le echan un cubo de agua encima. Tratando de secarse, se acerca a un pequeña hoguera para calentarse. Cansado y muerto de hambre, pero acunado por el calor, termina por dormirse.

Cuando se despierta, Pinocho descubre que tiene las piernas calcinadas.

Justo en ese momento, Geppetto está intentando entrar en casa, pero no se cree al mentiroso títere cuando éste le explica que no puede abrirle la puerta porque no puede andar. El narrador aprovecha para recrearse explicandonos como, con los miembros carbonizados, Pinocho se imagina toda una vida arrastrándose sobre sus piernas amputadas por el fuego.

Finalmente Geppetto puede reconstruirle las piernas, pero se nos da a entender que habría sido mejor no hacerlo. El pobre carpintero no solo deja de comer para que Pinocho pueda hacerlo, sino que además empieza a vender sus enseres. El pequeño muñeco aprovecha las ganancias para derrochar y meterse en nuevos líos: es su pecado capital y por el que sufrirá una cantidad absurda de padecimientos.



De todos ellos, quizá el más abiertamente violento es el que lo involucra con unos ladrones que lo perseguirán durante horas hasta una especie de casa encantada, en la que el muñeco intenta buscar refugio. Tras mucho rato llamando a la puerta, desesperado, sin obtener respuesta:

"Entonces asomó a la ventana una hermosa joven de cabellos azules y rostro blanco como una figura de cera, con los ojos cerrados y las manos cruzadas sobre el pecho, la cual, sin mover los labios, dijo con una vocecita que parecía llegar del otro mundo:
- En esta casa no hay nadie. Están todos muertos.
- ¡Ábreme tú, por lo menos! - gritó Pinocho, llorando y suplicando.
- Yo también estoy muerta.
- ¿Muerta? Y entonces, ¿qué haces en la ventana?
- Espero el ataúd que vendrá a llevarme".

Tras este bizarro encuentro con el fantasma de una mujer muerta, los ladrones empiezan a acuchillar a Pinocho entre los riñones. Sin embargo, como al ser de madera parece no sufrir nada, deciden pasar a otra cosa:

"-Ya sé -dijo entonces uno de ellos-, es preciso ahorcarlo. ¡Ahorequémoslo!
- ¡Ahorquémoslo! - repitió el otro.
Dicho y hecho. Le ataron las manos a la espalda, le pasaron un nudo corredizo en torno al cuello y lo colgaron de la rama de un gran árbol, llamado la Gran Encina. [...] -Adiós, hasta mañana. Esperamos que cuando volvamos aquí mañana tendrás la amabilidad de estar bien muerto y con la boca abierta de par en par".

Pero para Pinocho la cosa no termina aquí.

Primero, tras el altercado con los ladrones, lo encarcelarán. Luego, tratarán de freírlo en aceite hirviendo junto a un montón de peces. Finalmente, se verá convertido en asno y vendido a un circo, donde lo obligarán a bailar y a saltar a través de aros.



Lo peor, sin embargo, vendrá cuando se quede cojo y no pueda actuar más: será vendido a un hombre que quiere desollarlo para hacerse un tambor con su piel.

"¡Los dejo imaginar, muchachos, el 'placer' del pobre Pinocho cuando oyó que estaba destinado a convertirse en tambor!
El caso es que el comprador, en cuanto pagó los veinte centavos, llevó al burro a una roca que estaba a orillas del mar; le puso una piedra al cuello, lo ató por una pierna a una cuerda que sujetaba en la mano, le dio repentinamente un empujón y lo arrojó al agua.
Pinocho, con aquel peso en el cuello, se fue muy pronto al fondo; y el comprador, con su cuerda bien agarrada en la mano, se sentó en la roca, esperando que el burro muriese ahogado para después quitarle la piel".

Estas son solo algunas de las sórdidas aventuras que envuelven al personaje original. Pero el caso de Pinocho es especialmente sorprendente, en la medida que no se trata de un mito o arquetipo ancestral que haya sido reproducido y modificado a lo largo del tiempo.

Consiste, por el contrario, en un cuento deliberadamente oscuro, escrito para reflejar la penuria social y moral de toda una época. Además, Collodi juega con la literatura infantil, forzando los límites de los cuentos de hadas, hasta el punto de convertir su historieta en un catálogo de atrocidades que solo recurre a lo fantástico para amoldar y justificar tales horrores.