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¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA ESTRELLA DE SEIS PUNTAS?

¿Es realmente la estrella de Israel la estrella de David?

El origen y la historia de la estrella de seis puntas (hexagrama) y su vinculación misteriosa con la humanidad, a partir de los días de Egipto, es intrigante. La estrella de seis puntas se ha utilizado desde tiempos inmemorables en la magia, el ocultismo, la brujería, la astrología, y se ha encontrado en la escena de muchos crímenes vinculados con el ocultismo.


Ahora, ¿por qué la mayoría de los judíos utiliza la estrella de seis puntas, la cual llaman la estrella de David, el protector de David, o el Magen David? Bien, aquí el asunto se torna intrigante: M. Hirsch Goldberg, quien a su vez es judío, indica en su libro La Conexión Judía: “La estrella de David no es de origen judío. Los israelíes antiguos nunca la utilizaron como un símbolo religioso”; utilizaron la Menorah, es decir, el candelabro de 7 velas. ¿Entonces, por qué se conoce la estrella de seis puntas como la estrella judía? Este símbolo fue adoptado ampliamente, no porque la gente judía lo eligió, sino que lo hicieron irónicamente en el contexto porque Adolph Hitler forzó a todos los judíos a usar una estrella amarilla de seis puntas durante el tiempo cuando fueron perseguidos durante el holocausto ─La palabra holocausto significa “quemar con fuego una ofrenda” ─.

Precisamente, la estrella de seis puntas fue utilizada en el pasado, cuando sacrificios humanos eran ofrecidos a Moloch y a Ashtoreth en la adoración del dios Baal. Los judíos que tenían algo que ver con la estrella de seis puntas, fueron los que estuvieron implicados en prácticas ocultas. De nuevo haciendo referencia a Hitler, ¿colocaría éste cualquier cosa buena en un judío? Hitler, habiendo sido también involucrado en el ocultismo, quiso insultar y destruir a los judíos; y por esto mismo pudo tal vez haber intentado quemar a los judíos, como una “ofrenda” para conseguir poder. Hoy, los judíos en su mayoría –y muchos cristianos también– usan esta estrella por propia elección, sin siquiera ponerse a pensar o tratar de comprobar cuál fue su origen y uso en el pasado. Usar la estrella de seis puntas se convirtió en una moda.


La primera mención de la estrella de seis puntas en la literatura israelita se encuentra en Amos 5:26, cuando YAWEH dice airadamente a su gente: “Mas llevabais el tabernáculo de vuestro Moloch y Chiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis”. La “estrella” se refiere a Saturno; y tanto uno como lo otro eran objetos de la adoración idólatra, ya que eran considerados dioses asirios. Las personas que salieron de Egipto, junto con los hijos de Israel, llevaban esta estrella consigo. Como el obelisco, la estrella de seis puntas era un ídolo egipcio usado en la adoración idólatra. En 922 A.C., cuando Salomón se casó con la hija de Pharoah, éste se involucró en la adoración de ídolos egipcios y entró en la práctica de la magia y la brujería. Salomón construyó un altar a Ashtoreth y a Moloch. A partir de ese tiempo, la estrella de seis puntas –el principal símbolo de sacrificios humanos con ritos mágicos en círculos de brujería– fue llamada el sello de Salomón.

Salomón no prestó atención a las advertencias subsecuentes de Dios para que cesara con estas prácticas abominables. Incluso luego Dios amenazó a Salomón con quitarle el Reino de Israel, de la mano de su hijo. Y de hecho, el cisma ocurrió después de la muerte de Salomón. La idolatría de Salomón causó, precisamente, que el Reino de Israel se partiera en dos. Las prácticas que este rey introdujo a los Hijos de Israel hicieron que más tarde la Casa de Israel tuviera que ir al exilio en el Cáucaso, y que la Casa de Judá tenga que entrar en el cautiverio babilónico. Fue Josías quien más tarde destruyó este altar prohibido (2 Reyes cap. 23). ¿Usted sabía que el número 666 tiene relación con Salomón? Sí, 666 talentos del oro fueron enviados a Salomón cada año por el rey de Tyrus (1 Reyes 10:14). Después de que usted haya leído este relato en 1 Reyes, vaya a Ezequiel 28. ¡Qué tela bien tramada fue tejida para engañar, cuando Salomón llevaba a cabo estas prácticas ocultas!


El rey Salomón dejó muchos artículos que comprueban su idolatría; tales como el espejo del rey Salomón, el peine del rey Salomón y la estrella de seis puntas, que se conocía como el sello de Salomón en la brujería y el mundo oculto.

El Rey David era el padre de Salomón. Pero David nunca fue idólatra. Él dejó bien claro que Dios mismo era su protector (esto podemos comprobar, por ejemplo, en el Salmo 3:3; también en los Salmos 28:7; 119:114 y 144: 2).

El libro La estrella de seis puntas, de O. J. Graham, es el primer trabajo académico que documenta el origen y el uso histórico de este símbolo. Explica como de Egipto llegó a Salomón y se introdujo luego en la magia árabe, en la brujería en general, en las prácticas de los druidas y en la masonería; narra también como llegó mucho más tarde a Mayer Amschel Bauer, quien en el siglo XVII cambia su propio apellido en referencia a esta estrella de seis puntas roja que colgó en la puerta de su negocio en Alemania, y así comenzó la familia de “Rothschild” (traducido: cartel rojo). Luego la familia de Rothschild incorporó este símbolo en su escudo de armas. La investigación que este libro hace de la estrella de seis puntas, remonta a esta a través de la cábala, a la astrología, y más tarde a Hitler –quien ordenó, como ya mencionamos, que los judíos se coloquen una estrella de seis puntas amarilla durante el holocausto– al símbolo sionista y a la bandera del estado de Israel y más allá.


Como este símbolo se compone de seis dentro de seis, dentro de seises (es decir: 6 puntos, 6 triángulos y 6 lados del hexágono interno), la investigación también incluye una mirada al 666 profetizado en el libro de Daniel y hace referencia al anticristo y la marca de la bestia. Este libro también contiene la significación bíblica del número siete, la descripción bíblica del Mesías verdadero y la del candelabro de siete brazos (Menorah), que Dios dio a los hijos de Israel como pacto eterno (esto también se menciona en el Nuevo Testamento, especialmente en el libro del Apocalipsis). Todas las fuentes están allí indicadas. Es el primer y único libro publicado que explica el origen y la historia de la estrella de seis puntas. El libro contiene la información impactante respecto del uso de la estrella de seis puntas y de su vinculación intimidante con la humanidad. 

Fuente: The Six-Pointed Star (La estrella de seis puntas), escrito por O.J. Graham.


HORA DE AJUSTAR CUENTAS


HORA DE AJUSTAR CUENTAS

A menos que lo olvidemos, SATÁN ES EL ACUSADOR, EL CUESTIONADOR, QUIEN DESAFÍA LAS OPINIONES ENMOHECIDAS Y LOS CONCEPTOS TEDIOSOS. En su senectud, el cristianismo parece estar sacando todas sus castañas del fuego al crear la cacería de brujas más irracional que jamás haya habido. La histeria no es solo aconsejada, sino fomentada. Ciertamente, uno se maravilla de la credulidad incuestionable, no sólo del público en general sino específicamente de quienes ocupan posiciones de autoridad.

Los niños son tentados —no por los Satanistas, sino por las autoridades, a confeccionar las mentiras más dañinas sobre sus propios padres. Cualquier círculo, triángulo, hexagrama, u octágono se convierte en símbolo “Satánico”. La lista de objetos acusados crece: vitrales, gatos de cerámica, una bata de color sólido, ropa de cuero, discos de rock (especialmente si se reproducen al revés). Si se descubre una Biblia Satánica, se convierte en una prueba irrefutable de que quien la leía perpetraba todo crimen conocido por el hombre.

Si las mentiras anteriores son cuestionadas y expuestas, los histéricos declararán que el Satanista exonerado no era un Satanista verdadero, o “clásico” (es decir, cristiano), que se dedicara a robar bebés, acosa y asesina menores, y destaza animales. Los chiflados que se deleitan en tales comportamientos son histéricos reprimidos asociando sus fantasías masturbatorias, o bien cristoides posando como Satanistas para poder ser “convertidos” y poder salir bajo palabra. Los “Grupos Organizados” no parece que puedan hallarse, debido a su “secreto”. Ni tampoco pueden hallarse los cuerpos de sus “víctimas de sacrificios”. Pero vaya que lo intentan —Oh! vaya que lo intentan. Incluso ha aparecido una nueva profesión, el “especialista en la investigación de lo Satánico y lo Oculto”, lo que en verdad no es más que un nuevo y bonito nombre para otro predicador de fuego y azufre. Cualquiera puede establecerse de la manera como lo hacen estos “expertos”, aunque por supuesto, resultará más efectivo si un imbécil inseguro tiene delante de su nombre unas cuantas cartas que prueben que es un mentiroso acreditado y autorizado.

El miedo al Satanismo es una buena manera de sazonar una vida que de otra manera sería improductiva. Si no pueden sentirse importantes, por lo menos pueden sentirse “rectos”, “honrados” y “justos” en su cruzada cobarde contra su diabólico enemigo.

Al llevar el Satanismo a millones de personas, los elementos más estridentes y sin sentido de las ruinas del cristianismo muestran su verdadero rostro. Son lo peor que la religión tradicional pueda producir. Ya es hora de ajustar cuentas. Estos restos de podredumbre cristiana, han intentado forzarnos a asumir una posición defensiva, cuando nuestra posición es exigir explicaciones y respuestas a su comportamiento irracional. Las travesuras de quienes intentan tenderle una trampa al Satanismo sólo consiguen oscurecer aún más las cualidades redentoras formadas por los dos mil años de la aventura cristiana. No han tenido éxito en darle un mal nombre al Satanismo, al contrario, es al cristianismo a quien manchan.

No acosamos niños ni sacrificamos animales. Pero ya está abierta la temporada para estas lacras que nos acusan de hacerlo. La tortura sería demasiado dulce para ellos.

Durante siglos, el Satanismo ha sido un tigre de papel, una cortina de humo, un espantapájaros, perpetuado por los intereses creados del dogma cristiano. Nunca antes habían surgido Satanistas organizados para desafiar las falsedades convenientes. Claro, había Abogados del Diablo —Tom Pains, Benjamín Franklin, Shaw, Twain, London, Wells— pero para el cristianismo representaban una amenaza bien pequeña. Pero cuando tienes miles de chicos aclamando verdaderos símbolos Satánicos y haciendo el signo de los cuernos —ésa sí que es una verdadera amenaza! Cuando un libro escrito por un Satanista, para Satanistas, es leído, traducido, y releído por millones de personas —ésa sí que es una verdadera amenaza!

El cretino cristiano tiene razón al suponer que el Satanismo es peligroso. Es bastante peligroso, pero no por sus orgías, robo de niños, mutilaciones de animales y demás fantasías carentes de imaginación. El Satanismo es peligroso porque estimula la originalidad por encima de la mentalidad rebañera. Grandes masas de personas que piensen y actúen dentro de un conjunto de opciones preestablecidas son más fáciles de controlar. Y explotar.

El cristianito desesperado cree que el Heavy Metal es peligroso porque es un blanco conveniente para su histeria. Es muy fácil distinguir a Black Sabbath, Mötley Crüe, Twisted Sister y demás comentarios estúpidos, pero qué hay de la música Satánica de Liszt, Wagner, Saint-Saëns, Beethoven, Mussorgsky, Paganini, Mendelssohn? Tal vez comiencen a pegar etiquetas advirtiendo sobre el contenido de los trabajos musicales de Cole Porter, Rogers y Hammerstein, Jerome Kern e Irving Berlin, cuyo tema “Stay down Here Where You Belong” (Quédate aquí abajo, donde perteneces) nos presenta un Diablo haciendo de buen chico, proclamando “You will find more hell up there than you will down below” (Encontrarás más odio allá arriba que el que hallarás allá abajo). Y qué hay de temas como “Get Thee Behind me, Satan” (Házte detrás de mí, Satán) “Old Devil Moon”, “Satan Takes a Holiday” (Satán Se Toma Unas Vacaciones), “Perfidia”, “Temptation”, “Taboo”, y en caso que nos olvidemos, Franklin Laine o Edith Piaf haciendo su versión de la famosa canción de Shanklin “Jezabel”. Canciones que puedes entender, letras que puedes escuchar. Si un intérprete hiciese una versión “nueva” de “Jezabel” o “Stay Down Here Where You Belong” en un concierto de rock, podría precipitar una revolución Satánica.

Debo referirme al miedo de los Satanistas que ven esta nueva Edad Oscura con aprensión y alarma. Observen nuestra propia influencia pasada y nuestro potencial futuro para que puedan reconocer nuestro poder. Consideren el tiempo al aire destinado a los evangélicos. Uno puede prender la tele a cualquier hora del día o de la noche y recibir demasiada propaganda cristiana (es decir, anti-Satánica). A nivel menor se encuentran los reportes investigativos (anti-Satánicos), ficticias presentaciones dramáticas (anti-Satánicas) cubrimiento de noticias (anti-Satánicas) y “especiales espiritualmente estimulantes” (también, anti-Satánicos). No es diferente con la prensa y la radio. Mientras más baja sea la clase social de la audiencia, más irracional será la charlatanería.

El Satanismo es utilizado iconográficamente a guisa de anzuelo con una regularidad casi recetada, como si se tratase de una foto de Marilyn Monroe. ¿Qué pasaría si el Satanismo tuviese el mismo tiempo en los medios de comunicación del que gozan nuestros detractores? ¿O siquiera una fracción del mismo? Cuántas veces he visto mi propia imagen utilizada como introducción a un segmento de televisión o un artículo que no tiene semejanza alguna con los conceptos que he expuesto. Para poder absorber el Satanismo en su forma más pura, uno ha de zambullirse literalmente en La Biblia Satánica. La mayor amenaza del Satanismo es cuando se conoce la verdad de éste. Si un programa Satánico de TV saliera al aire con cierta regularidad, eliminaria los evangelistas bocones de la noche a la mañana. Tenemos un poder tan temible que ni siquiera se le da la palabra.

Sí, el poder está en nuestras manos. Somos, más que nunca, los acusadores. Recuerden, nuestra posición, nuestro papel es servir de tribunal para quienes de manera pretenciosa juegan a ser nuestra némesis. El sólo pensamiento de responder a sus “acusaciones”, defender nuestra posición, ha de convertirse en un absurdo. Pongámoslos a prueba. Interroguemos. Demandemos los porqués de su estúpida histeria. Debemos combatir la sinrazón con intensidad inquisitorial. Y démosles la ridiculez que se merecen. Somos lo que sus viejos maestros no les anticiparon. No hay nada en sus cuadernos que pueda enfrentar a demonios de verdad que no sucumben a destierros místicos.

LA TEMPORADA ESTÁ ABIERTA. ESO ES!

The Devil's Notebook
Anton Szandor LaVey ©1992