LA PROVIDENCIA




LA PROVIDENCIA
Robert Green Ingersoll

El otro día un caballero me hablaba sobre un caso de la Providencia Especial. Él lo conocía. Había sido partícipe de él. Hacía unos años, estaba por subir a un barco cuando debido a un hecho aparte, resulto demorado. No pudo abordarlo, y el barco se perdió en el océano con todos los que estaban a bordo. “¡Sí!”, dije yo, “¿Cree usted que la gente que se ahogó creía en la Providencia?”. 



Pensemos en el infinito egoísmo de tal doctrina. He aquí un hombre que se salva de subir a un barco de quinientos pasajeros y ellos se van al fondo del mar junto con el barco mientras se hunde; padres, madres, niños, y amorosos esposos y esposas esperan en las costas. ¡He aquí un pobre diablo que no pudo abordar! Y él cree que Dios, el Ser Infinito, interfirió en favor de su pobre y reseca vida de pecador, y dejó que todos los demás murieran. Esto es providencia. ¿Por qué la providencia permite todos los crímenes? ¿Por qué son protegidos los abusadores de mujeres, y por qué las esposas y niños quedan indefensos, si la mano de Dios está sobre todos nosotros? ¿Quién protege a los locos? ¿Por qué la providencia permite la locura? Pero la iglesia no puede renunciar a la providencia. Si tal cosa no existe, no sirven las plegarias, ni la adoración, ni las iglesias, ni los sacerdotes.


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