I. Razón – Si bien ‘Prudencia’ suena como algo bueno y sensible, la iglesia prefiere que tomes tus decisiones basándote en una responsabilidad moral en lugar de basarte en tu responsabilidad personal. Diría que la razón y la moral no siempre concuerdan entre sí y que, de hecho, una tiende a debilitar la otra. La Razón, pura y simple, evita la necesidad de juicios morales.
II. Retribución – Una vez más, la justicia es vista como una virtud moral, algo que se le debe al hombre y a dios. En lo que a mí respecta, no quiero ver justicia administrada cuando presencio cómo un hombre golpea a su esposa. No quiero ver que se administre justicia cuando un conductor irresponsable le arrebata la vida a un niño y mucho menos quiero ver justicia administrada cuando un pedófilo viole a un bebé. En lugar de ello, hago un desvergonzado llamado a la retribución, porque el castigo iguale al crimen, de modo que quien lo perpetre se arrepienta de haber nacido.
III. Fuerza – La fortaleza implica que debes cargar con algo, levantar la cabeza y soportarlo. Personalmente, prefiero utilizar mi propia fuerza para hacer algo que mejore mi situación y suavizar la carga que lleve.
IV. Complacencia – Pueden negar sus propios deseos todo lo que quieran, pero lo único que logran con ello es negar su propia naturaleza.
Existen tres figuras simbólicas en el satanismo que tienen que ver con la fragmentación profunda que el individuo humano y nuestra especie sufren, estas tres figuras tienen nombre que son: Satanás, Diablo y Lucifer.
Estos tres nombres adquieren relevancia, pues, históricamente y al seguir una línea evolutiva, reúnen tres tradiciones culturales y religiosas, me refiero a la semita, la griega y la romana. Ahora bien, ¿qué tienen que ver cada uno de estos nombres y su simbología con el individuo, en concreto con el satanista? Pues bien comencemos por su definición etimológica de cada uno de los nombres aquí enunciado, ya que es este significado el que marca su simbología.
En primer lugar, el vocablo Satán o Satanás viene del hebreo שָּׂטָן Shaitan, Que significa "adversario" o "acusador".
Por su parte, la palabra "Diablo" deriva del vocablo διάβολος griego "diabolos" que traducido significa el divisor, también puede traducirse como bala o proyectil, de ahí que a los perdigones se les llame diábolos.
Respecto a la maravillosa palabra "Lucifer", ésta deriva de dos vocablos, el primero un sustantivo, el segundo un verbo, "Lux" que significa luz, y "Ferre" que significa portar o llevar, por lo que su traducción al español es "Portador de Luz".
En ese orden, es decir primero Satán, luego Diablo y finalmente Lucifer, conjugan la trinidad interna del ser humano, en la cual, si faltase una de estas figuras, el individuo estaría incompleto, infeliz, en pocas palabras sería un muerto viviente y en algunos casos un verdadero cadáver, es decir la falta o nulidad de alguna de estas figuras en la psique humana irremediablemente lleva a la muerte. Esto es una Ley que no es exclusiva de ser humano pues está presente en todo el ser del universo, lo cual representa un proceso evolutivo, mismo que trataré de explicar con la pobreza del lenguaje vernáculo.
El ser humano, tiene tres características fundamentales que lo hacen ser lo que es y no otra cosa distinta, me refiero a la conciencia, emoción y voluntad. Pues bien, La conciencia, como su nombre lo indica es aquella parte introspectiva, reflexiva y retroalimentativa de la psique humana, por la cual nos reconocemos como individuos y "conocemos" nuestros actos internos y externos; lo cual conlleva irremediablemente a la responsabilidad de los propios actos, ello en el sentido más estricto de la palabra, es decir la capacidad de responder por los actos propios, pues solo "yo" el que "soy" puedo actuar por mí y a través de mí. Pues bien esa gran facultad es nuestro amado "Satanás", el adversario, el acusador, pues es el "Ello" (parafraseando a Sigmund Freud) el que muestra quien soy, mis características profundas, lo que me hace ser yo y no alguien más, me muestra mis profundos temores, profundas fantasías, potencial y limitaciones, ¡es él el que me acusa! cuando me siento vacío, frustrado, amargado, ya que de algún modo misterioso me planta frente a mi espejo, me dice y repite tal como si estuviera en mi contra "Eso ‘Yo’ lo hice, nadie más que Yo", me reta mostrándome a través de mi profunda tristeza e insatisfacción que ‘Soy’ más de lo que pretendo ser.
Sí señor, Satanás me acusa que si soy poco es porque 'Yo’ así lo he decidido, nadie más, 'Yo’ soy el único responsable de mi desdicha, no solo eso, me exige ser feliz o en su caso hundirme hasta conocer la verdadera infelicidad; sin embargo, en este proceso acusador, me guste o no también ‘Soy’ mi único Juez, y dictaré sentencia condenatoria o absolutoria, consciente o inconscientemente, solo Yo’ sabré hasta dónde hacerme sufrir, elegiré el castigo o redención, no sin antes pasar por el Juicio y ese le corresponde al Diablo.
Si, el Diablo me divide (como su nombre lo dice "diabolos") y ataca donde más me duele, es decir en mis emociones, las vuelve contradictorias, me lleva a la crisis, me confronta conmigo mismo, "Yo soy" mi enemigo, "Yo soy" quien me odia con todas mis fuerzas, hasta ser capaz de destruirme por completo, de no ser que haga el "Gran Pacto" a no ser que le venda mi alma al Diablo, y si ese es el gran secreto, pues se vende el alma y no el espíritu.
El alma es el objeto del Gran Pacto, pues solo vendiéndola al Diablo puedo ser su dueño, y cuando soy dueño también me convierto en Amo, esto es posible, pues el alma es la loca de la casa, es la parte que "anima" mi cuerpo y le confiere vida, tal como cualquier otro ser vivo, sin embargo cuando me convierto en "Amo" decido en libertad, ahora soy dueño de mi animosidad, la controlo, y mi alma hace lo que me place y me satisface, hice un pacto con el Diablo, ¡ahora somos amigos! y tenemos un negocio en donde el fin es obtener ganancias con trabajo mutuo.
Ahora estoy listo para ejercer mi voluntad, estoy listo para enfrentarme a "Lucifer", estoy listo para verle a la cara al que porta la Luz, pues la voluntad no lo es si no hay actos pero éstos no serán manipulados por mi alma sin freno, ahora soy el jinete, decido, actúo, sigo enfrentándome a los mismo problemas que cuando conocí a Satanás, es más a los mismos retos y sentimientos que cuando llego el Diablo a mi vida, con la gran diferencia que ahora tengo y soy Amo de mi alma.
Ahora Satanás es mi instructor, el Diablo mi avizor y consolador, ambos le rinden culto a Lucifer. ¡Sí, Lucifer es mi inteligencia! ¡Es mi conocimiento! Lucifer es mi luz que aclara mis más profundos deseos.
ACERCA DE LA MÁXIMA SATÁNICA "RESPONSABILIDAD PARA EL RESPONSABLE"
El satanismo es un movimiento filosófico, religioso político y artístico, que busca la emancipación del individuo de aquellos paternalismos que lo protegen en contra de su propia responsabilidad, y que al mismo lo pretende domesticar para que piense y actúe como el resto del rebaño humano.
El Satanismo usa la imagen de Satanás como símbolo arquetípico de su filosofía (como será expuesto a continuación). Realmente no más allá de eso, el Satanista no cree en Satán como el cristiano cree en su Dios. Satán para el Satanista representa la oposición contra las religiones blancas y castradoras, es la oposición contra las políticas totalitarias, el abuso de poder, y toda aquella norma que cortan nuestra libertad siempre y cuando nuestra libertad no perjudique o dañe las libertades de otros, “Mi libertad termina cuando empieza la tuya” (dicho popular).
Es un error considerar al satanismo, como la gran panacea, ya que no es una filosofía para todo el mundo. Al ser esta religión, en su mayor parte tan carnal y materialista, puede ser confundida con una filosofía puramente hedonista y libertina, en la cual sus adeptos no piensan en las consecuencias de sus actos.
Pero esto no es realmente así, el satanismo no te da un cheque en blanco el cual puedes gastar sin miedo al derroche, cada acto que realizas tiene sus consecuencias, todo tiene un precio, que por supuesto has de pagar ─¡Claro, que vas a Pagar!─. ¡Responsabilidad para el responsable! Grita el satanista, siendo muy consciente que es algo complicado de encontrar en nuestros días: cuando hoy todo el mundo desea evitar su responsabilidad, por ello la encomiendan a terceros ─Por lo general profesionales en seguridad, abogados, policías, etc.
Esta conducta infantil, que defiende la ineptitud, se ha convertido en nuestra sociedad del siglo XXI, en la tónica común, y rara vez es condenada públicamente.
El Satanista debería de tener claro: cuándo es culpable del fracaso y cuándo es el artífice del éxito. Un Satanista no debe de esconder sus errores, debe enfrentarlos y así progresar en su desarrollo como individuo.
Las personas creyentes (no todas) suelen buscar un culpable cuando fracasan o enferma, en vez de reconocer sus culpas, algunos autodenominados satanistas (pseudosatanistas), emplean la misma ética del creyente “El diablo me tentó”, para respaldar sus excesos, que sin duda les traerá consecuencia.
El Satanista de pacotilla, piensa que ese cheque en blanco que le da el Satanismo es un regalo caído del cielo, parece que ya se olvidaron de que “el Diablo siempre se cobra sus deudas". Así, querido lector, si está pensado volverse Satanista con el fin de firmar un pacto con Satán, sopese las consecuencias, y recuerde que todo tiene un precio.